"Vivimos en una sociedad que sabe muy bien el precio de todo pero no conoce el valor de nada". Oscar Wilde

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los entresijos del comercio justo

            Existen tres condiciones básicas que deben ser cumplidas para definir una transacción como comercio justo:

  1. Debe existir una relación directa entre productores y consumidores, evitando al máximo los intermediarios o especuladores.
  2. Se debe practicar el “precio justo” que permita al productor y a su familia vivir dignamente de su trabajo.
  3. Establecer relaciones y contratos a largo plazo basados en el respeto mutuo.

 

Por otro lado y como se acaba de mencionar, la actuación del comercio justo incide en un punto determinante: la fijación del precio y el reparto del mismo que se paga por el producto.

En el comercio tradicional, es sabido que la presión de las multinacionales determina unilateralmente los precios, abusando de su posición de privilegio. Los precios que se establecen para los productos producidos bajo el comercio justo son ligeramente superiores a los que del comercio internacional.

El sobreprecio es una condición indispensable del comercio en tanto que no sería una novedad el que se compraran productos a los mismos precios que rigen el comercio convencional, precios que hunden en la pobreza a los países subdesarrollados. Los precios de los productos como el café, el cacao, el azúcar, el algodón, el arroz, las especias y toda esa gama de los llamados “productos de postre” que son exportados a los mercados de los países desarrollados a precios que no retribuyen el valor añadido del trabajo invertido en la producción. Son productos con mucho valor añadido que no se refleja en los bajos precios, de manera que al comprarlos el intermediario obtiene una gran cuota de valor no retribuido que, finalmente, al revenderlo le reportará un alto margen de beneficio. La función del sobreprecio no es más que la de retribuir de manera justa el trabajo invertido para producir un bien. Hay que tener en cuenta que si comparamos con los productos que podemos encontrar en tiendas especializadas en ofrecer bajos precios, debemos preguntarnos cuál es el coste humano que se ha pagado, en forma de explotación laboral, para que puedan llegar a nuestras manos esos productos a un precio tan increíblemente barato. Y si la comparación se hace con artículos de alta calidad, como lo son los de comercio justo, los precios son similares e incluso en ocasiones inferiores a los de tiendas especializadas.

En cuanto a la distribución del precio, esta se realiza de la manera que realmente se debería: en función del esfuerzo invertido. Tomando como referencia el café, mostraremos una comparativa de la distribución bajo el comercio justo y bajo el comercio tradicional.

                                                  COMERCIO JUSTO

 COMERCIO TRADICIONAL

Gráfico 1: Distribución del precio del café

En el gráfico podemos apreciar claramente en qué se invierte nuestro dinero cuando tomamos una taza de café de comercio justo y cuando tomamos una del comercio tradicional. En el comercio tradicional, las multinacionales se llevan un tercio del precio del café. En cambio, en el lado del comercio justo, la figura de la multinacional desaparece y los beneficios que esta se lleva se destinan casi íntegramente a los productores y trabajadores. En cuanto al resto de partes, la proporción es similar.

Lo mismo sucede con el resto de productos producidos por los agricultores y artesanos de esto países. Por ello, la próxima vez que compremos algún producto, debemos de pararnos a pensar quién es el más beneficiado.

Como ya hemos mencionado, el comercio justo se configura como una alternativa al comercio tradicional. La diferencia la marca la aplicación de una serie de principios indispensables para que los productos lleven el sello que los clasifica como productos de comercio justo. Estos principios se pueden resumir en los siguientes:

v     Salarios y condiciones de trabajo dignas. Los sueldos que reciben los trabajadores del sur les condenan a ser esclavos de la pobreza. La mayoría son jornaleros o pequeños campesinos que cultivan sus parcelas o, en su caso, deben andar varios kilómetros para llegar hasta las plantaciones. Todo salario debe retribuir adecuadamente el esfuerzo que todo trabajador realiza.

v     No a la explotación infantil. Los niños y niñas trabajan como adultos en muchos países en vías de desarrollo. Los jornaleros son ayudados por sus hijos para así aumentar los ingresos. Las situaciones de extrema pobreza que viven las familias les fuerzan a ello. Sin una escuela que les facilite un mejor futuro, trabajan demasiadas horas y viven en condiciones insalubres y expuestos a enfermedades. Además, cobran menos por su trabajo y sufren trastornos que les afectan física y psíquicamente.

v     Igualdad entre los hombres y las mujeres. Al igual que en los países occidentales se reclama que las mujeres sean igualmente aceptadas y retribuidas en sus trabajos, en estos países se debe aplicar la misma regla con el fin de no añadir mayores desigualdades que las que ya existen. El 70% de los que viven en la pobreza absoluta son mujeres y hay un abismo entre la retribución que las mujeres reciben y el papel que desempeñan en la sociedad.

v     Respeto al medio ambiente. La sobreexplotación de los recursos naturales compromete el desarrollo de los países del sur. En los últimos años, se ha intensificado el uso de pesticidas y fertilizantes en las plantaciones. Se estima que en los países subdesarrollados se utilizan sin control unas 400.000 toneladas anuales de pesticidas, muchos de ellos prohibidos en los países del Norte[1]. Aunque a corto plazo eliminan las plagas, estos productos afectan a la piel y a las vías respiratorias, y provocan la degradación de los suelos y la contaminación del medio ambiente, con la consiguiente recesión de los cultivos.

v     Derechos laborales. La ausencia de derechos laborales dificulta la obtención de unas condiciones de vida y trabajo más dignas. En muchos países de Sudamérica y África, los capataces van armados, los temporeros se hacinan en alojamientos precarios, no hay ninguna cobertura sanitaria para prevenir enfermedades o accidentes, las leyes no permiten la asociación o sindicación y, si la permiten, los sicarios se encargan de perseguir a los activistas. Son sólo algunos de las situaciones que sufren los trabajadores en vida diaria. Con las organizaciones de comercio justo, los derechos laborales deben establecerse antes de poder configurarse como tales.

          Ahora bien, mucha gente se preguntará cuáles son las ventajas del comercio justo frente al comercio convencional.  Por un lado, los productores pequeños no se ven marginados de los mercados, son reconocidos por su historia y experiencia, fortaleciendo así su identidad productiva y cultural. Su esfuerzo es premiado con un precio justo y habitualmente mejora su relación con otros actores del comercio convencional.

Y desde una perspectiva más personal, los consumidores también se ven beneficiados ya que los productos comerciados a través del comercio justo se caracterizan por una mayor  transparencia, deben incorporar los costos ambientales y sociales asociados a su producción, por tanto, se trata de bienes elaborados con mayor respeto de las condiciones del medio ambiente y son obtenidos en mejores condiciones laborales para los trabajadores. Otra ventaja es la posibilidad de reconocer el origen de estos productos.

            Retomando el ejemplo del café, mostramos estos beneficios[2] de forma gráfica:

Café convencional

Café de comercio justo

No tenemos suficiente información sobre el origen del café ni ninguna garantía sobre las condiciones en que se ha producido.

Tenemos información sobre las organizaciones de pequeños productores y la garantía de que se ha elaborado en condiciones dignas.

El precio se decide en las bolsas de Nueva York o de Londres y a menudo no cubre las necesidades básicas de las familias productoras.

Se acuerda con las organizaciones un precio por el café que permite cubrir los costes de producción e invertir en el desarrollo de las comunidades.

Las relaciones comerciales son con frecuencia inestables y provocan inseguridad en los grupos productores.

Se da soporte a los grupos cafeteros para dar fuerza a las estructuras de su organización favoreciendo relaciones comerciales a largo plazo.

No hay un trato directo con los grupos cafeteros y algunos intermediarios obtienen beneficios millonarios.

Se eliminan intermediarios innecesarios y se establecen relaciones comerciales más directas con las organizaciones productoras.

A menudo se cultiva en grandes plantaciones donde es común el uso de pesticidas y agroquímicos.

Se obtienen cafés respetuosos con el medio ambiente que a menudo se cultivan en pequeñas propiedades boscosas.

Los grupos cafeteros dependen excesivamente de la venta del café y son muy vulnerables a las bajadas de precios.

Se favorece la diversificación productiva para garantizar la alimentación de familias y la venta en los mercados locales.

Se basa en un modelo de relaciones comerciales que a menudo favorece los intereses de los más ricos en contra de los más pobres.

Se basa en otra forma de relación comercial, solidaria, justa, participativa y responsable que da un trato preferente a los más desfavorecidos.

Tabla 1: Las 7 diferencias


 

[1] Dato obtenido en la página web de Setem en http://www.setem.org

[2] En http://www.boncafe.org [consultado: 29-11-06]

 

 

 

 

 

 

 

 

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