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¿Comercio Justo?
De unos años para acá, han ido surgiendo conceptos nuevos que
intentan describir la realidad. Entre ellos encontramos el concepto
de comercio justo o, como se diría internacionalmente, fair
trade.
Pero ¿realmente sabemos lo que significa el comercio justo? Pues
bien, este es el cometido del presente análisis.
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Comercio Justo*
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Del comienzo hasta la
actualidad
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Los entresijos del
comercio justo
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¿Quién hace posible el
comercio justo?
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El comercio justo en
cifras
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A modo de conclusión
Comercio Justo
No es
frecuente conocer a personas que realmente conozcan qué es el
comercio justo y que fines lleva implícito debido a que tienen una
concepción errónea del mismo.
En
principio y de manera muy simplificada el comercio justo es un tipo
de comercio surgido hace unos 40 años. Pero no es un tipo de
comercio cualquiera. Se configura como una alternativa equitativa al
comercio convencional extendido por todo el mundo, un comercio que
sigue el modelo de economía de los países desarrollado.
La globalización ha generado un mundo más allá de las fronteras, de
las diferencias étnicas, religiosas, políticas, culturales o
económicas. Surge como consecuencia de la internacionalización
cada vez
más acentuada de los procesos económicos, los conflictos sociales y
los fenómenos político-culturales. Por tanto, ha permitido que el
comercio no tenga límites, ventaja de la que se han beneficiado en
gran medida los países desarrollados gracias a la deslocalización de
sus fábricas y al gran poder de negociación frente a otros países.
Es en esta situación donde el comercio se configura como
asociación comercial que busca el desarrollo sustentable para los
productores excluidos o con desventajas en los grandes circuitos del
comercio tradicional.
El mercado
no es neutral, es un instrumento económico que puede servir para
construir o destruir. Aunque es un medio generador de grandes
diferencias puede llegar a ser también un medio para el reparto de
la riqueza. Dependerá de la voluntad humana, pero esa voluntad es,
hoy, la de quienes controlan el mundo, o lo que es lo mismo quienes
controlan los mercados.
Aunque el
mercado ya existió desde la antigüedad griega y romana, la formula
tan arrasadora del mercado que hoy conocemos surge con ímpetu en el
siglo XVI, no como cofradías de mercaderes, sino como sociedades
anónimas de socios privados.
El modelo de
mercado actual empobrece a productores y consumidores a favor de la
acumulación y crecimiento de quienes detentan el mercado lucrativo,
pero empobrece mucho más al productor cuando este es de países
subdesarrollados o en vías de desarrollo.
Por citar
algunos desequilibrios producidos por el comercio convencional está
el
dumping,
que lo podemos traducir como deshacerse de algo. La producción de un
mismo producto supone una gran competencia, pero esta se torna
desleal en el momento en que esta lucha es mantenida por un país
desarrollado y subdesarrollado. Los agricultores de un país
desarrollado reciben de manera continua subvenciones, abaratando sus
productos. Esto anima a la sobreproducción, provocando que los
excedentes se exporten pero a países del denominado sur. Los
agricultores locales no pueden competir con las importaciones
baratas y se hunden en la pobreza mientras que los exportadores
dominan su mercado.
El acceso
a los mercados es otra de las trampas del actual comercio. Pese a
que la globalización ha creado un mundo sin barreras, aún siguen
existiendo los aranceles. Estos aranceles suponen una barrera
económica para las importaciones de los países en vías de desarrollo
ya que se ven forzados a subir el precio final de sus productos con
el fin de obtener beneficios, lo que provoca que sean menos
competitivos en los mercados occidentales. La eliminación o la
reducción de los aranceles permitirían que estos países se
convirtieran en autosuficientes.
Por otro
lado, si los países subdesarrollados tuvieran la oportunidad de
decidir qué importar, sus pequeñas industrias tendrían la
oportunidad de crecer. Pero cuando se elimina la protección, muy
pronto estos países se ven engullidos por los países desarrollados
y, en vez de comerciar con ellos, dependen de la ayuda externa. Es
lo que se pasa a denominar liberalización forzada.
En el caso
de los derechos laborales, es sobradamente conocido el
aprovechamiento de las empresas occidentales. Aprovechamiento en la
medida que contratar a personas por un salario, no ya menor que en
sus países de origen sino indigno, supone más que no tener trabajo.
Es decir, se aprovechan de la necesidad de trabajo y salario de
estas personas basándose en la filosofía de que menos es más.
Algunas compañías respetan y cumplen unos estándares laborales
mínimos pero la exigencia de trabajar más rápido y más barato
degrada estos estándares, empeorando las condiciones laborales para
millones de personas.
El mercado
de materias primas está liderado por algunos de los países más
ricos, que controlan gran parte de la producción a través de grandes
y poderosas multinacionales pese a que los países en vías de
desarrollo son los que realmente poseen esas materias primas.
En
conclusión, y citando la definición alcanzada por FINE,
“el
comercio justo es una asociación comercial que se basa en el
diálogo, la transparencia y el respeto y que busca una mayor equidad
en el comercio internacional. Contribuye al desarrollo sostenible
ofreciendo mejores condiciones comerciales y garantizando el
cumplimiento de los derechos de productores y trabajadores
marginados, especialmente en el Sur”. Las organizaciones de comercio
justo, respaldadas por los consumidores, están comprometidas
activamente, prestando su apoyo a los productores, despertando la
conciencia pública y luchando por cambiar las normas y prácticas
habituales del comercio internacional.
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